Estoy
tremendamente aburrida. Igual es el exceso de hormonas, que me pone rancia. Ojala
lo sea y en unos días regrese a un estado más confortable. Pero no se me ocurre
nada que pudiera entusiasmarme. Quizás en M. las cosas cambien. Voy por la
calle mirando a la gente, sus caras, cosa que nunca hago, y me pregunto si lxs
demás estarán emocionadxs en sus vidas o si andaremos todxs en semejante
monotonía.
Estoy
leyendo un libro sobre un misionero que ha convivido 30 años con una tribu amazónica,
los piraha. Los piraha viven bajo los árboles, cerca del río, en frágiles
cabañas que no tienen más que techo. Sus posesiones son escasas. Durante sus
vidas pescan, cazan, recolectan y conversan. Dice el misionero que es un pueblo
satisfecho, que se les percibe satisfechos, seguros, contentos. No todos los pueblos
que viven en condiciones semejantes lo son (lo digo para no idealizar su forma
de vida), pero ellxs sí. Y añade que, por el contrario, nosotrxs lxs
occidentales vivimos insatisfechxs. En nuestra insatisfacción nace nuestra
creatividad e innovación. Un pueblo satisfecho se limita a repetir lo de
siempre, incuestionado.
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